1233-1304

1233t1233historia

Una tradición consolidada hace surgir en el año 1233 el origen de la Orden de los Siervos de Santa María. En darle importancia a esa fecha dentro de la Orden ha contribuido el hecho que uno de sus máximos santos Felipe Benicio (+ 1285) había nacido en Florencia precisamente en 1233.

El más antiguo y con autoridad documento narrativo sobre el origen de la Orden, escrito probablemente por el prior general fray Pedro de Todi cerca del 1317-1318, lleva por título Legenda de origine Ordinis fratrum Servorum Virginia Mariae (= Legenda sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María). Es de notar que el término Legenda significa  texto para ser leído.

En el momento de los orígenes de los Siervos de María, la presencia de movimientos religiosos en Florencia era intensa.

La vida ciudadana, sin embargo, era diferente por inquietudes sociales. Un grupo de siete laicos (conocemos con certeza solamente el nombre del primero, Bonfilio, del cual se puede admirar una grande estatua en la basílica vaticana) abandonan familia, actividades y profesiones para retirarse a vivir juntos y en penitencia, pobreza y oración. En la ciudad  dividida por luchas fraticidas, ellos buscaron dar testimonio visible de comunión fraterna. Lugar de su retiro fue Cafaggio, donde actualmente surge en Florencia la basílica de la SS.ma Anunciación. Sucesivamente, en busca de una mayor soledad, se retiraron en el áspero Monte  y, gracias al creciente números de personas que se unieron a ellos, fundaron nuevas comunidades.  En  efecto son anteriores al 1256 los conventos de Siena, Ciudad de Castello y Borgo Sansepulcro, además de Florencia y Monte Senario.

Por una disposición ya aprobada por el Concilio Lateranense IV (1215), y después hecha severamente operativa por el Concilio II de Lyon (1274), la Orden esta en riesgo, junto con otras nuevas Órdenes religiosas mendicantes, la supresión. La salva Felipe Benicio, prior general del 1267 hasta la muerte (1285), que gracias a su acción eficaz de paz llevada a la ciudad de Forlí, donde un joven que al inicio lo había combatido después decidió seguirlo y hacerse Siervo de María. Fue Peregrino Laziosi, o de Forlí, el santo de la Orden hoy mayormente conocido y venerado.